lunes 24 de septiembre de 2007

GUERRA CIVIL ESPAÑOLA: (2ª parte) ... y hace 70 años también hubo una contrarrevolución (Junio 1937 - Abril 1939)


En la primera parte de este artículo, el cual es recomendable leer antes de empezar con esta segunda, vimos cómo en la Guerra Civil española dentro de la zona antifranquista el bloque burgués-estalinista (compuesto por los estalinistas del PCE, los socialistas de derecha de Prieto y Besteiro y los republicanos de Azaña) consiguieron parar la revolución que el bloque revolucionario (de los anarquistas de la CNT, los socialistas de izquierda del sector caballerista del PSOE y los marxistas antiestalinistas del POUM) no pudieron o no supieron acabar.

Concluía aquí el periodo de auge revolucionario que se extendió desde el 19 de Julio de 1936 hasta Mayo de 1937.

A partir de Junio de 1937 en la zona “republicana” la contrarrevolución del bloque burgués-estalinista se impuso definitivamente. La liquidación de la revolución condujo en última instancia a la pérdida de la guerra frente a las tropas nacionales o franquistas.

El Gobierno Negrín-Stalin fue el gobierno de la contrarrevolución que acabó con la situación de doble poder que imperaba hasta mayo del 37, fue el resultado de la derrota de la clase obrera en las Jornadas de mayo.
Negrín fue el hombre de consenso entre socialista de derecha, republicanos y estalinistas. Defendió los intereses internacionales de la URSS y Francia e Inglaterra contra la revolución obrera, como correlato a los intereses locales del PCE y los de Prieto y Azaña respectivamente. Negrín había sido meses antes el ministro de Hacienda que envió el oro de las reservas españolas a Moscú.
Su objetivo era consolidar el estado capitalista republicano que había hecho añicos la revolución del 19 de Julio.

El Gobierno Negrín-Stalin y la represión de la revolución
Para aplastar definitivamente la revolución el Gobierno Negrin-Stalin se sirvió de la represión. Ejemplos de ella fueron el asesinato de los poumistas Andreu Nin y Kurt Landau, de anarquistas como Bernini y de los trotskistas Moulin y Wolf. El POUM, el partido con un programa más revolucionario, fue sometido a un proceso de ilegalización similar a los que Stalin estaba llevando a cabo en Moscú en aquellos años contra la vieja guardia bolchevique que había hecho la revolución de octubre de 1917.

El Servicio de Investigación Militar, el Ejército y la policía estaban en manos del PCE y los técnicos y consejeros enviados desde la URSS. Éstos eran los resortes de la represión junto a la NKVD o GPU, policía política estalinista enviada desde Moscú. En las cárceles de la zona republicana había casi más revolucionarios que fascistas. La actividad de las checas extraoficiales de los estalinistas contribuyó a ello.

A pesar de toda esta situación adversa el bloque formalmente revolucionario todavía podría haber resucitado la revolución si los socialistas de izquierda del sector de Largo Caballero del PSOE y los anarquistas de la CNT-FAI hubiesen tenido una orientación clara y decididamente revolucionaria. El POUM, ya ilegal, no era lo suficientemente grande y sólo contaba con unos miles de militantes.

Había otros pequeños grupos revolucionarios sin incidencia o con una incidencia insuficiente, como los Amigos de Durruti (de Jaume Balius), pero sólo eran unos cientos, o los 2 minúsculos grupos trotsquistas, el Grupo Bolchevique Leninista-Le Soviet (de G. Munis) y la Sección Bolchevique Leninista de España (de Fosco) que sólo contaba con unas decenas, o los bordiguistas de la fracción italiana de la Izquierda Comunista, también con sólo un par de decenas. Nada pudieron hacer estos pequeños grupos revolucionarios para que el bloque revolucionario tomara de nuevo la iniciativa.

El Programa del Gobierno Negrín-Stalin
La base del Gobierno Negrín-Stalin era el “Programa de los 13 puntos” que acabó con los comités-gobierno potenciando el estado burgués republicano, especialmente cruel fue la disolución del Consejo de Aragón a manos de las tropas del estalinista Líster.

Este gobierno acabó también con las milicias obreras potenciando el Ejército Popular burgués, las armas que enviaba la URSS no sólo eran destinadas a combatir al ejército franquista sino que también fueron utilizada contra estas milicias revolucionarias del campo republicano.

Y acabó con las colectivizaciones, es decir, Negrín expropió a la clase obrera entregando las tierras y fábricas a sus antiguos propietarios, burgueses y terratenientes. En suma, el objetivo de Negrín era hacer retroceder la revolución obrera que en el campo y la ciudad había tenido lugar desde el 19 de julio del 36.

Con el gobierno Negrín-Stalin se dio un vuelco a la concepción de la guerra. Dejó de ser una guerra de clases entre la revolución y la contrarrevolución para pasar a ser una guerra entre dos formas de Capitalismo amparados por dos 2 ejes internacionales, el de Berlín-Roma por un lado, y el de Londres-París-Moscú por el otro. La guerra fue considerada desde entonces una guerra de "independencia nacional", de unión de todas las clases, contra el enemigo invasor, Italia y Alemania.

Golpe de Estado de Casado-Miaja-Besterio de marzo de 1939
Para entender la recta final de lo que acontece en la zona republicana hay que tener en cuenta el contexto internacional.
El periodo que se extiende desde el último trimestre de 1938 hasta el fin de la guerra en abril de 1939 viene determinado por 2 pactos, el pacto de Munich de septiembre del 38 y las consecuencias de éste hacia el giro que supondrá el pacto secreto Hitler-Stalin.

El Pacto de Munich entre Alemania-Italia y Francia-Inglaterra se hizo necesario tras la crisis germano-checa para asegurar una paz internacional que, por ahora, convenía a todos. Una de las prendas de este pacto fue España. Francia e Inglaterra reconocen a Franco y apuestan por una capitulación de la República. El objetivo es la búsqueda de un acuerdo con Franco a costa de la derrota republicana.

En el lapso de tiempo de estos meses que trascurrirán entre el Pacto de Munich y el de Hitler-Stalin se produce como consecuencia el momentáneo desencuentro de la alianza de Francia-Inglaterra con la URSS, cuyo correlato en España fue la ruptura momentánea en el seno del bloque burgués-estalinista de los socialistas de derecha y los republicanos con los estalinistas del PCE.

El resultado de este desencuentro fue el Golpe de Estado de Casado-Miaja-Besteiro (con colaboración del sector del anarquismo de Cipriano Mera) para forzar una paz con Franco sin contar con el PCE. Esta capitulación tenía por objetivo la búsqueda de un armisticio.

Unos meses después, se daban los pasos para el Pacto secreto Hitler-Stalin, directamente determinado por el movimiento de Francia e Inglaterra en el Pacto de Munich. Nuevamente una de las prendas fue España: la URSS reconoce también a Franco y es partidaria de forzar la capitulación. Es en estos momentos cuando la URSS deja de enviar armas a la República. Y es entonces cuando se reencuentran las posiciones dentro del bloque burgués-estalinista entre estalinistas y republicanos y socialistas de derecha.

Tras el Pacto secreto Hitler-Stalin los dirigentes del PCE, por orden de Stalin, no hablaban ya contra la Junta de Casado. La URSS dejó a su suerte a la República capitalista, a la que tanto esfuerzo había dedicado para evitar una revolución que estorbaba a sus intereses internacionales. Las bases comunistas, ignorantes del pacto secreto de sus dirigentes, se opusieron, ya sin remedio, a la Junta de Casado a unos días de que las tropas de Franco penetraran en Madrid.

La revolución fue traicionada, la república fue vendida y la guerra perdida definitivamente. Franco, negándose a negociar con Casado una derrota pactada, aplastó lo que quedaba de la zona de las izquierdas e impuso su cruel dictadura que duraría 40 años.