martes, 7 de octubre de 2008

Que la política mande sobre la economía y no al reves

A estas alturas es bastante obvio que la crisis se originó en Estados Unidos y que el culpable de esto es George Bush y su política ultraneoliberal. Son las políticas de derechas las que se están traduciendo en graves problemas globales, sobre todo para los más indefensos.

Con sus políticas de desregulación los republicanos de EE.UU. han dejado hacer a las entidades financieras americanas lo que han querido. Se han permitido prácticas de riesgo basadas en la avaricia y en un ejercicio del capitalismo sin límites, que ha comprometido incluso los depósitos de las familias americanas.

Richard Fuld, el presidente ejecutivo de Lehman Brothers dijo ayer que los reguladores estadounidenses conocían exactamente la información sobre su liquidez y sus activos en los meses previos a su colapso. Es decir la derecha americana ha dejado actuar a sus anchas a los tiburones financieros. Éste es el capitalismo salvaje y sin límites.

Organismo político que supervise la economía
El capitalismo bien se merecería que lo mandasemos definitivamente al museo de la historia. Pero vista la correlación de fuerzas entre los que dominan el mundo y el único sujeto que podría derribarlo, la clase trabajadora (que todavía no ha construido el instrumento que acabe con el capitalismo), es bueno poner sobre la mesa una propuesta transitoria para esta etapa que consista en crear un organismo global que supervise los sistemas financieros.

Ese necesario organismo supervisor debería llevar incorporada una carta de derechos sociales por la que se garantice derechos básicos como la educación, la sanidad y los servicios públicos, que prime sobre cualquier otra iniciativa a llevar a cabo por los gobiernos.

No puede ser que hace unos meses, el presidente Bush se negara a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a 9 millones de niños pobres por un coste de 4.000 millones de euros (lo consideró un gasto inútil) y que ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street, nada le parezca suficiente.

El capitalismo al museo de la historia
Con esta crisis se termina el periodo abierto en los 80 con la fórmula Reagan: "El Estado no es la solución, es el problema". Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón.

Desde ahora seguro que el Estado tendrá más que decir. El retorno del Estado en la esfera económica, incluso existiendo aún el capitalismo, aportará una mayor justicia social a los trabajadores que la que ha habido con el capitalismo salvaje.

Ahora sólo falta darse cuenta de que si el Estado pasase a manos de la clase trabajadora, éste defendería sus intereses mejor que nadie. Por el momento hay que aprender de la experiencia y lanzar propuestas que hagan avanzar la conciencia de los más desfavorecidos del mundo: que la política mande sobre la economía, que la supervise y que los derechos sociales primen sobre cualquier otra iniciativa de los gobiernos.

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