En 1933 las derechas llegaban al poder de la República española. Entre las organizaciones de la clase trabajadora se abordó el tema de cómo superar la debilidad de la izquierda. Como la fragmentación del movimiento obrero era un obstáculo para la lucha común, la tarea debía consistir en llevar a cabo la
táctica del Frente Único de las organizaciones obreras.
El avance del fascismo en Europa y la amenaza de la CEDA, aceleró la respuesta de las organizaciones de izquierda, que cristalizó en las
Alianzas Obreras. La lucha contra la derecha exigía una política de Frente Único. Esta táctica estaba basada en acuerdos entre las organizaciones obreras sobre puntos comunes y cumplía un papel esencial: elevar a la conciencia de los trabajadores y favorecer la unidad de acción.
Las organizaciones de los trabajadores, unidas
La clase trabajadora estaba organizada muy mayoritariamente casi en partes iguales en la
CNT-FAI, de carácter anarco sindicalista, y en la
UGT-
PSOE, de carácter socialista. En aquellos sitios donde no se excluyeron ninguna de estas grandes organizaciones las Alianzas Obreras avanzaron, como fue el caso de Asturias.
Las Alianzas Obreras existieron a nivel de todo el estado y se fundaron en Barcelona con el
PSOE, la
UGT,
Unión Socialista, la
Unión de Rabassaires, la
Federación sindicalista libertaria, los
Sindicatos de oposición, el
Bloque Obrero y Campesino y la
Izquierda Comunista de España (estas 2 últimas organizaciones formarían un año después el
POUM). Las Alianzas Obreras fueron posibles gracias al esfuerzo aglutinador del BOC y la ICE, que fueron quienes las diseñaron desde el principio.
La
CNT-FAI anarquista se negó a participar y el
PCE estalinista (por aquel entonces un pequeño grupo) cometió el error de sustituir la política de Frente Único por las teorías sectarias y ultraizquierdistas del
“Tercer periodo” y el “
Socialfascismo”, con las que equiparaban a la Socialdemocracia con la Derecha. Esto ya había tenido resultados nefastos en Alemania donde el PC alemán impidió la lucha común de la izquierda contra
Hitler, con consecuencias trágicas.
La CEDA en el gobierno y la respuesta de la izquierda
Las clases pudientes exigieron la entrada de la CEDA en el Gobierno Lerroux con el objetivo de dinamitar la República desde dentro. Pero los cálculos de la burguesía resultaron equivocados por completo: la perspectiva de la contrarrevolución agitó el proceso revolucionario.
El
4 de octubre entró la
CEDA en el gobierno y las
Alianzas Obreras dieron la orden de la insurrección. El movimiento tuvo éxito en Asturias. Todas las izquierdas, incluida la
CNT, formaban parte de la Alianza Obrera Asturiana desde hacía meses. El
PCE asturiano, que no partició al principio, lo hizo unos días antes de la insurrección. Se triunfó en Asturias a pesar de las dificultades en el resto de España por no ser la unidad completa, al no integrarse en la Alianza Obrera la CNT, que suponía la mitad de la clase obrera española.
En Asturias la insurrección obrera se transformó en poder obrero, un poder que duró 15 días dominando la vida económica, política y social de la región hasta que las columnas mineras fueron derrotadas el
18 de octubre. Por primera vez en la historia de España, la clase trabajadora derrotaba a la burguesía y emprendía el camino para establecer su propio gobierno.
Enseñanzas de la Alianza Obrera Asturiana
El éxito en Asturias se debió principalmente a la
unidad de acción CNT-UGT-PSOE que en Asturias se fraguó meses antes de la insurrección. Pero la Comuna Asturiana fue derrotada finalmente por el aislamiento y el fracaso de la insurrección en el resto del Estado. La actitud de la
CNT estatal, que se negó a participar en la lucha, fue letal y tuvo terribles resultados, como que su sindicato ferroviario no impidió el traslado de las tropas moras y legionarias a Asturias para llevar a cabo la represión.
Gracias a las
Alianzas Obreras se derrotó finalmente a la coalición derechista Lerroux-Gil Robles, porque, aunque se perdió en Asturias en Octubre del 34, las movilizaciones posteriores y las
elecciones de Febrero de 1936 dieron el triunfo a las izquierdas, cuyo punto electoral principal era la amnistía de los presos de Asturias. Sin la Alianza Obrera no hubiera sido posible todo esto y ni siquiera la respuesta de
Julio de 1936 a la sublevación franquista.
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