jueves, 7 de abril de 2011

Aguirre y su Bachilerato de Excelencia: volver a una escuela selectiva y segregadora

Esperanza Aguirre confunde nuevamente conceptos básicos. En este caso elitismo con excelencia, segregación con éxito. La obligación de Esperanza Aguirre es garantizar el éxito escolar a todos los alumnos. Su decisión de crear un Bachillerato de Excelencia supone volver a una escuela elistista y segregadora. Desea un Apartheit educativo.

La apuesta de Aguirre debería ser poner en marcha las medidas compensatorias educativas que están necesitando tanto los centros educativos como el alumnado con dificultades educativas.

No es de recibo que, en un año en el que el presupuesto se ha recortado en un 5 por ciento y está desapareciendo el profesorado de apoyo, la apuesta del PP sea por los alumnos que menos necesitan.

Más inversión en educación y más inversión en los centros y para los alumnos que más lo necesitan es lo que debe presidir una política educativa justa. Lo contrario es lo que quiere Aguirre con su criterio peligroso, de élite, mientras que al resto de alumnos se les condena a la frustración y se les limitan sus salidas.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

allí estudiará Su Excelencia. ¿alguien más?

P. dijo...

esto se dedicará a 100 alumnos, ¿y a los otros decanas de miles de estudiantes madrileños?

manu dijo...

Creo que hay otros muchos niños, los más 'desfavorecidos' intelectualmente, que realmente son los que necesitan ayuda para seguir adelante.
Por otro lado, dar clase a los niños super es facilísimo, lo difícil es dar clases a los peores. ¿no le parece?

Profesor primaria dijo...

Esperanza Aguirre, no tiene credibilidad a la hora de hablar de excelencia cuando ha llevado a cabo recortes en Educación del 70 por ciento

Recuperar Madrid dijo...

Argumenta la Comunidad de Madrid que los mejores deben tener una preparación exclusiva/excluyente en el Bachillerato para que consigan todo su potencial. Una concepción aristocrática (del griego arete) donde los mejores deben ser apoyados para que posteriormente ocupen los mejores puestos.

La realidad es que esa formación excluyente ya se está dando como consecuencia de la fragmentación social de la escuela madrileña. Es fácil entender que en colegios como el Pilar o en el resto de coles privados con o sin concierto se concentran aquellos alumnos con mejor contexto socieconómico y, dada la nula influencia del sistema educativo en ejercer de escalera social, con los mejores resultados.

Fijémonos en la tabla que encabeza el post, que presenta la distribución porcentual del alumnado en los cortes que hace PISA para clasificar los resultados en ciencias. Hemos elegido España, Finlandia y dos de los países que la Consejería ha utilizado como ejemplo para defender las prácticas exclusivas.

Podemos ver lo excepcional del sistema finlandés que sitúa a casí un 19% de sus alumnos en los niveles 5 y 6 (los excelentes) en contraste con el triste 4% de España. Si ampliamos un poco el enfoque y sumamos los jóvenes de 15 años en el nivel 4 vemos como Finlandia ¡llega al 50%!: seguida por Alemania (36,9%), Francia (29%) y España (21,5%).

Ahora vayamos a la parte baja de la tabla donde podemos ver que mientras Finlandia tiene a un 6% por debajo del nivel 2, el porcentaje en España llega al 18%. Aunque tampoco están para tirar cohetes Francia (19,3) o Alemania (14,8). Finlandia se presenta como un excelente sistema no sólo porque consigue el mayor número de "mejores" sino porque simultáneamente consigue el menor número de "peores". Algo por lo que desde aquí firmamos ya. Esperanza Aguirre desprecia esto como "igualitarismo".

La conclusión parece clara, el sistema educativo español tira de todos los alumnos para abajo. Dada la enorme autonomía de los centros y las prácticas tremendamente tradicionales de buena parte de la escuela (y fundamentalmente de la privada concertada) parece que tenemos un problema estructural. Porque si no tendríamos un sistema polarizado con muchos alumnos en la parte alta y muchos en la parte baja. Pero no, tampoco a los alumnos que van a esos colegios que tanto les gusta a Delibes, Gisbert and co., esos del aprendizaje sufriente consiguen sacar las potencialidades de su selecto alumnado.

Y aquí estamos, varados en el siglo pasado como consecuencia de la enorme miopía (ceguera fingida) de la derecha con los temas educativos. Evidentemente lo que les pueda suceder a cien o mil alumnos en los bachilleratos excluyentes no tiene ningún valor educativo ni social ni de ningún tipo (bueno, si, electoral).

P.S. También habría que ver la relación entre notas en España y resultados en Pisa, que seguro que hay sorpresas.
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