lunes, 6 de agosto de 2012

Además de preparar la tartera, los padres pagarán 50 euros por que sus hijos coman dentro de los centros escolares

    Comer de tupper, en el colegio, también tendrá un coste para las familias. Hasta tres euros diarios, lo que supone un gasto mensual aproximado de 50 euros. Es el límite máximo que establece Educación. Para que los niños puedan llevar fiambrera, el centro tiene que acondicionar una sala específica con microondas y nevera. Ha de mantener un número de monitores y el servicio de limpieza.

¿Los niños traerán la comida de casa y encima habrá que pagar por ello? Una idea se convierte en objeto de chanzas y críticas antes de que haya habido tiempo de considerar si es buena o directamente rechazable.
Por mucho paro que haya en este país, la organización escolar ya no puede establecerse en función de que en cada hogar haya al menos un adulto disponible para preparar las comidas de los niños, empaquetarlas adecuadamente y, si se tercia, participar en turnos de vigilancia y limpieza de las instalaciones donde se consuma, como método para ahorrarse el pago de personal.

No es improbable que bocadillos y chucherías sustituyan total o parcialmente a la comida cocinada. También es muy discutible introducir entre los alumnos la diferencia social entre los “de menú” y los “de tartera” o bocadillo. Y a ello hay que añadir la discusión del precio: ¿tres euros diarios no es demasiado?

Para lanzar propuestas como estas hay que estudiarlas antes a fondo. Personas tan principales como las autoridades hablan de recortes de gastos y aumentos de ingresos sin descender a los detalles, olvidando que, como es frecuente, precisamente el diablo está en los detalles.